10/02/2017

Con 45 minutos de retraso.

Aquí vivimos estudiantes que damos todo por aprender, por hacer algo en lo que creemos, y disfrutamos el tiempo que pasamos, juntos o en solitario, contando historias dignas de ser escuchadas.

El otro día llegó a la escuela  el CEO de VORAZ, con 45 minutos de retraso, a hablarnos de los buenos que son, de su monopolio, de lo que escuchan a los cineastas para mejorar su software de edición y del interés que tienen por seguir apoyando las grandes historias. Una hora y media o dos horas hablando, para mí, fuera de lugar. No creí pertinente su presencia en la escuela, pues no éramos un público con dinero, ni siquiera como potenciales clientes. Crackeamos.

Respaldo mi opinión con la siguiente anécdota que observé. Un alumno de la escuela, al acabar la conferencia y las fotos de rigor, se acercó a un Sr. de VORAZ, jefe de ventas en Latinoamérica.

Hola, ¿cómo está? ¿se acuerda de mí?
Hola, no, lo siento.
Mira, yo le hablé el año pasado, soy estudiante de la escuela. Le mencioné que organizaba un concurso de montaje on-line…
¡Ah, sí!
Y usted me dio su contacto para ver si podíamos establecer alguna colaboración o encontrar algún acuerdo.
Sí, recuerdo.
Pues es que le pasé su contacto al Organizador principal, le escribió pero no sabemos si recibió el mensaje.
Oh, sí… lo recibí, pero… es que estamos en un momento muy difícil… Lo leí pero no respondí.
Ah… Es que no sabíamos si le había llegado.
Esto… perdona ahora es un mal momento, te tengo que dejar.

Y así se quedó el alumno: perplejo por lo buenos que son, por su monopolio, por lo que escuchan a futuros cineastas y por el interés que tuvo el Sr. en apoyar las historias –imagino que la del alumno sería pequeña, y no de la envergadura digna de VORAZ.

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