14/01/2017

Conquista de lo inútil [leído]

Gracias a mis papás. Os quiero.



“Iquitos 19/7/80

En Belén, lugar que me atrae una y otra vez sin razón, una mujer vendía sopa que servía de un gran caparazón de tortuga. Un viejo chino, sentado en un portal allí cerca, movía la mano enérgicamente, como si tirara de un hilo que saliera del interior de su ojo. Estaba loco, por lo tanto muy alejado de las costumbres humanas, y tan absorto en aquella exclusividad extrema que no solo atrajo mi atención, sino la de todos los que tomaban la sopa de la mujer. Como forzados a ello, todos lo mirábamos con disimulo, avergonzados de que alguien pudiera sorprendernos mientras lo observábamos. Nunca he visto nada que se acerque a la intensidad con la que se sacaba aquel hilo imaginativo del ojo, y cuando luego he pasado delante de él con la moto, ha levantado los ojos lentamente y me ha mirado de modo tan penetrante y con la cara tan llena de locura que he sentido miedo. Perseguido por su mirada, en el camino he perdido la canasta de mimbre que llevaba amarrada a la parte trasera de la moto y no me he dado cuenta. Pero tampoco he querido regresar a buscarla. El cielo se ha puesto negro y rutilaba, mudo, por los rayos lejanos. Al llegar a casa he metido todo lo que estaba tirado fuera. El cielo incuba una batalla colérica, el cielo trama algo oscuro.
Uno de los Conciertos de Brandemburgo que a veces pongo en el radiocasete atrae siempre un pájaro hasta la ventana; se pone a dar saltitos en el alféizar, sin prestar atención a los trozos de botellas rotas colocados allí para disuadir a los intrusos, y festeja la música con su canto. Hace días que llevo mal la fecha, pero no quiero corregirla, solo sé que hoy parecen haber empezado los Juegos Olímpicos en algún lado, y después esto: los murciélagos andan sueltos, alrededor de la casa y ahora alrededor de mi cabeza.”

El Hondón 5/8/16

Estoy en una butaca de madera junto a Juan Carlos y Aldo. J.C. es uno de los hijos de Osbel. Tiene 4 añitos. Está jugando con mi reloj Casio. Me da una sensación muy rara estar en esta casa, un hogar increíble, “bueno” en su definición de la palabra. Vive Osbel (34) y su familia: su mujer (24), las hermanas de su mujer (15 y 17) y sus hijos (son 3). Los dos niños ahora juegan con la luz del Casio. A la niña le están sobando las piernas porque tenía un empacho de la comida. En la televisión están echando los JJOO, la inauguración. Osbel dice que se parece al día de los Carnavales en Niqueros. Esta es la casa más humilde en que he estado, y estuve en unas cuantas. Quizás influye que este ambiente sea rural y no metropolitano. Me han enseñado el patio, con cerdos, yegua y perros. Bueno, a ellos los conocí hoy, esta mañana. Está difícil escribir aquí, con los niños, pero ya te digo que hoy ha sido UNO de los MÁS emocionantes de mi vida. Mañana te contaré mejor. Tengo que descansar porque tengo sueño y mañana salgo temprano.

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