05/11/2016

La sombra que no precisaba

"Hombre, lo mejor es que dejes de lado todos tus problemas y no les des tanta importancia. Me vas a aguar la noche con tus cocodrilos y tus lagrimillas. Vamos a cantar, aunque sean fados”. Pero nada, él seguía con esa sombra que no precisaba.

Tenía 4 horas de material, a reducir a 10-12 minutos, un trabajo que supuestamente debía hacer él, pero que, por patatín-patatán, finalmente hice yo. Me lo propuso. Genial. Le ayudé encantado.

Ya han pasado muchos meses desde que edité este corto documental, pero me gustaría mucho reflexionar y sacar algo sobre lo que fue la experiencia de montarlo y estar en una sala de edición que en muchos casos parecía ser una terapia psicológica.

Tuve como 7 días para editar esa pieza rodada en la Sierra Maestra, aquí en Cuba. Era la historia de un padre de 93 años y su hijo. Los dos viven aislados, en medio del mato y los cafetales en los que había trabajado uno y en los que aún mantenía el otro. El material que recibí tenía una fotografía muy buena e interesante. Yo, sin embargo, lo percibí como “muy puesto”, con una puesta en escena forzada quiero decir. No obstante, me centré en rescatar momentos de naturalidad que había en estos dos personajes, y en las acciones que mostraban su relación.

Trabajé en este proyecto en paralelo a las clases, pues como decía antes en un primer momento no estaba contemplado que lo hiciese yo. A fin de cuentas, ¿por qué quejarse? Lo hacía encantado. Editaba por las tardes-noches y acababa reventado, pero feliz. Así y asá íbamos trabajando, hasta que encontramos una estructura que ya venía inducida en el material y en una especia de escaleta, en cierta forma. Sin embargo, se hacía un poco difícil avanzar con pasos firmes. Los primeros días quizás fueron los mejores. Los afrontaba con tenacidad, tomando buen café. Pero... poco a poco dejé de tomarlo –ese café de la Sierra fue demasiado fuerte para mí, tal vez. Es una metáfora.
Los primeros días trabajamos en una dirección que en los últimos empezó a cambiarse sin mantener los criterios rítmicos y narrativos que habíamos estado llevado hasta entonces. Para mí esto empezaba a dejar coja la pieza y denotaba el cansancio y la poca consistencia que llevaba-mos. El problema es que las opiniones que empezó a recibir el director antes de cerrar el corte, en visionados para otros colegas, eran asumidas como verdades. Todos los criterios que habíamos discutido antes ente él y yo se iban al traste. Me sentí totalmente relegado en este última fase, desmotivado y, así, acepté acabar los cortes cómo sugerían esos ojos críticos de última hora. Decidí compartir el crédito con él, pues había muchas decisiones de montaje con las que no concuerdo.


Otra cosa. Matar a un personaje fue algo que me hizo perder el sueño, con lo que si estoy de acuerdo aún hoy día, pero me parece que fue algo muy interesante de este trabajo, porque me hizo pensar mucho en las asunciones morales que se plantea el editor. Al fin y al cabo toda historia es un construcción con sugerencias. ¿Por qué tener conflictos morales internos cuando solo se sugiere?

Por último, EL FINAL o los finales denotaban la falta de certeza a la hora de elegir una línea, que fue el sentimiento que tuve a lo largo de toda la edición. Y la película, actualmente, cuenta con un final, otro final, y por si fuera poco, otro más. Un desbarajuste que, para colmo, ni al propio director le acabó gustando. "¿Por qué trabajamos, entonces?”, me pregunto. Y me contesto, “Ah, está bien, es por eso, pero deja de pensarlo y edita."

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