19/10/2016

(deleted)

Sería el mes de mayo cuando me embarqué, encantado. Acepté la propuesta: trabajar en un largometraje que dirigía una chica joven y talentosa junto con otros amigos suyos, y que sería el primero para mí como editor en solitario. Me llamaba mucho la atención, su (no) estructura, su forma, el pie que daba a la experimentación. El proyecto, de tres jóvenes directores cubanos, fue algo que llevar en paralelo a la escuela de cine, al final de mi Primer Curso, al que me acabé entregando a tope, como no podía ser de otra manera. ¿Hay alguna propuesta mejor para los ratos libres de un chaval que quiere dedicarse a la edición?

Se trataba de un proyecto ambicioso, visto con los buenos ojos de una persona que se empieza a enamorar, un proyecto con potencial que exprimir. Por eso me lancé a la piscina de cabeza, dejando otras cosas y priorizando esto sobre ellas  –siempre es, o fue, así–. De los tres directores, había tenido algún contacto de antemano con la chica, mínimo, pero me apetecía trabajar con ella. Por amor al arte, como dicen las buenas lenguas. A sus dos compañeros los conocí después. Decidimos, puesto que así estaba estructurado su guión, dividir el trabajo tal como estaba en el guión, con tres piezas separadas, casi independientes para que luego conformaran las 3 “la película”. Trabajé, entonces, cada una de las partes como si fuera una escena de una película, editándola aislada en un primer momento, para luego juntarla al resto de escenas y dejarla fluir, rodar, o desvanecerse entre las otras escenas colindantes.

Trabajamos primero la parte que era más experimental, que tenía una propuesta formal un tanto radical. ¿O cómo te suena si te digo que era un plano secuencia de 35 minutos y luego dos videoclips? A mi me parecía interesante, claro. ¿Cómo jugar con eso de forma que funcionase? ¿Cómo hacer que el plano secuencia, con sus logros y fallos técnicos, pudiera ser algo más que eso que simplemente se rodó y que, personalmente, se podía potenciar? Sea como fuere, el realizador no accedió a cortar ese plano y los fundamentos teóricos basaban su argumentación para evadir el corte y justificar así la estética y dramaturgia roma.

La parte más documental fue interesante de trabajar, quizás la que más. Muy observacional, basada en una dinámica de rodaje de puesta en escena provocando algunas situaciones que, en algunos casos más que en otros, incitaban al azar. La selección de planos, de fragmentos de estos, y la estructuración fue clave para llegar a la “escena” (corte individual) que logramos antes de incorporar la misma en la película.
Que rescatar cabe que cada una de las tres partes tenía pequeños elementos que se repetían en una y otra, ya fuesen sutiles objetos, o fuesen los mismos actores, casi que en personajes diferentes (?).

En tercer lugar, llegó la parte rodada como un guion de ficción más al uso, con su guión, su diálogo, sus actores y la repetición de tomas hasta conseguir lo buscado por el novel director. Para montaje supuestamente contaba con algunas más posibilidades que en los dos otros estilos, tenía más material, pero tampoco fue del todo así, pues no pude jugar lo que me prometieron, pues el director parecía saber lo que quería, hasta el punto de dejarse proponer; sus argumentos acabaron cayendo en ordenes que intenté comprender pero que llegué al punto de no poder entender y simplemente acatar.

La siguiente fase, pasado ya un mes o así de trabajo individual, sería la puesta en común, o primer armado, y bueno, lo hicimos, aunque de forma apresurada. Un primer corte de la película, sin muchos miramientos a su estructura: una cosa detrás de otra: A, B, C. Había una introducción y una especie de epílogo que también jugaba de alguna manera con personajes repetidos en las partes del desarrollo, pero en cuanto a estructura, o "no estructura” la cosa estaba como… como nada. En fin, el primer corte para empezar a mover el proyecto, recaudar... ¿no?

Bueno, pues después de eso, que hicimos en un único día, pasamos a… ¡Tachán! Seguir trabajando individualmente cada una de las piezas por separado, siendo preciosistas en cada una de ellas. Ahí ya algo iba raro y yo debía haber avenido lo que iba a pasar. ¿Qué sentido tiene mirar milimetricamente los cortes de las escenas por separado antes de incorporarlas a su cuerpo? ¿Existe acaso una pierna que pueda andar bien sin la otra? Sea como fuere, me puse a trabajar en las piernas, las tres por separado. Y quizás ese tiempo yo no fui lo suficientemente profesional, y frío, porque estuve viviendo algo increíble a la vez. Había terminado el primer curso de mi escuela, estaba muy feliz.

Y… entonces, los egos, por parte de los varones, se afilaron, las piezas se retocaron y el conformismo y la vanagloria llenó y dio forma a sus piezas. La chica, por la que había entrado al proyecto, se mantuvo más precavida y, junto conmigo, quería sacar UNA película, NO TRES (A, B, C). Hablando de eso tras mes y medio de trabajo, cuando por fin llegábamos a lo más esperado por mi parte, a la estructuración y puesta en común de las partes… Nadie se entendió. Se fundieron los plomos del trío eléctrico y tras las chispas todo quedó apagado: deleted.

La historia con ella continuó, de forma individual. La experiencia con tres directores quedó. ¿Qué más? ¿qué menos?

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