14/01/2011

Entrevista con Philippe Bourgueil

¿Qué formación ha seguido? 
Philippe Bourgueil: Desde la secundaría, escogí la opción artística, en este caso "artes plásticas". Me interesé mucho por el cine yendo regularmente al 'ciné-club' de me colegio. Entonces supe que quería trabajar en ese sector.
A los 18 años, aprobé la prueba de acceso al INSAS que no es, hace falta precisar, del todo evidente. Sin embargo, la pasé y me metí en la disciplina de 'réalisation' porque mis primeras ideas eran las de hacerme director. Tuve la mala suerte de fracasar al terminar el primer año. Esto fue un mal menor porque me había dado cuenta, por mis experiencias en el plató, que no me gustaba mucho trabajar en equipo. Entonces me cambié a la disciplina de 'montage', que me convenció porque uno está solo y uno trabaja a su propio ritmo. Me di cuenta de que era exactamente la disciplina que quería hacer. Los estudios no me parecieron excesivamente difíciles. Eran apasionantes y aplicados, eran bastante accesibles. Los dos primeros años tenían teoría y práctica mientras que el tercer año era esencialmente el cambio a la práctica profesional. Era, por otra parte, agradable montar un corto de fin de curso.

¿En qué consiste la labor del montador? ¿Qué hacéis exactamente?
PB: El montaje es, antes que nada, un trabajo técnico que consiste en poner los planos en un cierto orden y sincronizar las imágenes con el sonido. La técnica es bastante básica y no es muy difícil de aprender. Pero muy a menudo, es agradable el deber efectuar un trabajo de re-escritura de la película. Las imágenes obtenidas no siempre reflejan exactamente lo que deseaba el director en el momento de la escritura... Hace falta, entonces, cortar, modificar la disposición de las escenas...
Es también una labor en la que hay que adaptarse continuamente. Un montaje es diferente según sea montado "traditionnellement" o "virtuellement". Quizás, el director está muy presente durante el montaje. Pero, por mi parte, prefiero que el no esté demasiado implicado.
Antes de empezar a montar, leo el guión. Solo. No quiero estar influenciado por lo que me diga. Prefiero, también, descubrir los "rushes" completamente solo, eso que me gusta, con frecuencia, lo empiezo a montar durante el rodaje. Procedí de este modo para montar las películas que he hecho, excepto para Les convoyeurs attendent. Para esta película, puesto que la lectura de el guión no iba a alterar para nada el deseo de volver a trabajar con Bennoît Mariage, quería estar en las mismas condiciones que un espectador y descubrirla montando. No conocía absolutamente nada de la historia  salvo que se hablaba de palomas. Pedí a mi ayudante que pusiera las escenas brutas una detrás de otra y las monté una por una.
Este montaje no me llevó mucho tiempo pero generalmente, para un largometraje, hacen falta tres o cuatro meses de trabajo. Huitième jour duró seis meses. La duración, por tanto, es variable. Pero en realidad, no se considera que un montaje está terminado hasta que se siente que se ha probado todo, que se han abierto todas las puertas.

¿Cuál ha sido su trayectoria profesional?
PB: Ya con el diploma en el bolsillo, no se tiene todavía la experiencia necesaria para coger uno solo a su cargo el montaje de un largo. Se comienza, generalmente, siendo ayudante de montaje. Tuve la suerte de empezar relativamente rápido a trabajar. Así que pude ayudar al montador de André Delvaux en L'œuvre au noir [Albert Jurgenson entre los montadores de este filme] y tras unas prácticas durante mis estudios tuve la buena suerte de simpatizar con Mary Jiménez [directora peruana]. Ya le había echado una mano durante mis estudios. Ella volvió a contactar conmigo más tarde para darme trabajo en su documental. Sería una experiencia pesada pero muy enriquecedora, así que luego seguí con su largometraje. Allí, me di cuenta que me quedaban muchas cosas que aprender.
A continuación, monté muchos cortos. De Stéphan Carpiaux, Thierry Knauff, Smolders... Tenía mucha suerte por tener esas oportunidades que me permitían trabajar. El verdadero detonante fue mi colaboración con Thierry  Knauff. Es al que más admiraba. Su trabajo en Le Sphinx me atrajo mucho. Después, me encontré de nuevo con Namur Benôit Mariage, que había conocido durante mis estudios y que preparaba Le signaleur. Y todo siguió para delante, trabajaba cada vez más: para Thierry Knauff, para Jaco Van Dormael en Le huitième jour. Ahora he llegado a un punto en que no puedo trabajar con la todas las personas de las que me verdaderamente me interesan sus filmes, en Bélgica.


¿Qué cualidades debe tener un buen editor?
PB: Se tienen tantos trocitos de películas que cortar que hay que montarlos con rigor. La paciencia es también un elemento esencial. Hace falta también poder estar atento a la 'desiderata' del director y ser muy curioso porque hace falta probar distintas posibilidades con el fin de encontrar la que más le convenga al film. A la vez, hay que ser muy receptivo a los consejos de los demás. Me gusta mucho hacer pequeñas proyecciones a lo largo del montaje para algunas personas, la mayoría son otros profesionales, que no conocen la historia y que me darán consejos pertinentes diciendo lo que va bien o lo que les gusta o no.
¿Qué consejo le daría a un joven que empieza?
PB: Ver muchas películas. Pero no contentarse con verlas pasivamente. Hace falta analizarlas, entender por qué el montador a montado tal escena de esa manera. Comparar varias películas puede también ser interesante.

¿Consigue ver una película abstrayéndose del montaje?
PB: A menudo me planteo esta pregunta. ¿Se puede escuchar música de la misma manera cuando se toca la guitarra? Sí, por supuesto.


Entrevista realizada por Anónimo.
Traducción del francés por Pablo Hernández.

Artículo original: http://www.metiers.be/Interviews/INT_BOURGEOIS_MONTEUR.htm

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