28/03/2017

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Haliaeetus leucocephalus en Cuba

Ayer fue un domingo especial, un domingo de Vedado. Nuevo, fresco, de primavera y pasado por agua de cierta forma. Comí en una paladar de H, entre 23 y 21, que tiene unos pasteles muy buenos para el postre. Le llevé unos cuantos a ella. Charlamos de su hijo que vive en Estados Unidos, tomamos buen café y descargamos, la nieve de Salamanca, mi visita por La Habana, mi solicitud de empleo. Estaba esperando una pipa de agua, se habían quedado sin agua en el barrio, y todo el edificio íban a comprar una pipa nueva a medias, para tener surtidos a los turistas que ocupan las casas de renta. "Esta mañana el hijo del español estaba tirado en el suelo diciéndole a su padre que no había agua, que qué era esto". Mientras me contaba esto mi amiga, su mamá se preparaba para el baile del domingo. Ella es la anfitriona de la sala de baile y ese día era especial, pues íban a presentar un danzón que había compuesto la banda para ella. Se visitió de morado, con joyas doradas. Cuando llegó la hora, en que el chófer del carro le venía a buscar a la casa, le ayudé a bajar las escaleras del tercer piso en el que viven madre e hija. Tiene 93 años y va a bailar 3 veces a la semana. Ayer, no obstante, le dolía la pierna más de lo normal, le costó bajar ayudada. Ya abajo, esperamos, esperamos, esperamos. Llegó la pipa de agua, un camión cisterna con 8.000 litros de agua, bueno, ¿cuántos llegarían en verdad? Se íban botando por una manguerita y algunos agujeros de corma constante, pero no era nada para lo que venía llegando. El camión aparcó como pudo enfrente del edificio, llevándose un árbol por medio, "porque no pasaba na', luego se levantaba". Lo siguiente era hacer llegar el agua desde la cisterna hasta el depósito del edificio, y... joder, cuando consiguieron enganchar dos mangueras para que llegara al tanque PLAF,  PLAF, PLAF, una de las mangueras, la segunda, empezaba a desprender agua por uno, dos, tres, cuatro, cinco, no-sé-cuántos chorros. "¡Acere! ¿Pero cómo no le ponen parches a esta manguera?", "¡Acere! Tu no eres cubano", "No, pero vivo aquí, y esto está de pinga, mi amiga está pagando 8.000 litros y ¿cuántos le llegan a casa?" "Aquí las cosas no son fáciles", y bueno, me epezó a contar una historia de cuánto combustible se gastaban por kilómetro para llegar hasta ahí, y parecía que él no le interesaba mucho hacer las cosas bien, me dijo que era convicto y que este trabajo lo estaba haciendo de forma forzada. Mientras me lo contaba, no podía dejar de mirar su gorra, Haliaeetus leucocephalus. Empezó a tapar los agujeritos de la manguera con ramitas del árbol que había roto, que arrancaba para introducir en los huecos, en algunos grandotes metía hasta de dos en dos el tipo. Me decía que esto era hasta bueno para el edificio, porque servía de limpieza, que limpiaba la entrada el cabrón. "Si los vecinos de aquí son pajaritos, ellos solos no hacen nada, pero si se juntan algo podrán hacer". Me miraba fijo a los ojos, con esa gorra del águila de Estados Unidos. La abuela de 93 años miraba el reloj, el chófer estaba media hora atrasado, quería bailar.

En noviembre edité un corto documental que me dejó mal sabor de boca, no disfruté el proceso, ni el resultado, pero saqué unos cuantos aprendizajes, sobretodo el lo relativo a la profesión (alidad), al compromiso. El caso es que nunca compartí nada de él, dí mis opiniones en las evaluaciones que tuvimos en la Sala Glauber Rocha, en diciembre, pero preferí dejarlo ahí. Ahora dejo un par de fotos para acompañar mi historia de ayer, pues al igual que ese corto también tiene que ver con el baile de la "diáspora cubano-americana".





21/03/2017

Lettre d'un cinéaste a sa fille [EricPauwel]

Lettre d’un cinéaste à sa fille est un film artisanal et libre, un film personnel et ludique, un film tissé de mille histoires et cousu de différentes textures, un livre d’images où un cinéaste prend position par rapport au cinéma et donne à voir les visages et les histoires qu’il veut partager.
Montage:

15/03/2017

MUST: SIgnos de vida [Werner Herzog]

Después de pasarme un domingo "editando"la multicamara de la conferencia que dió el jueves pasado Herzog en la Sala Glauber Rocha, hoy me pude sentar en la misma sala y retroceder 49 años en el tiempo, hasta ver su ópera prima, la genial Signos de vida, editada ya entonces por Beate Mainka-Jellinghaus. Un placer, fuegos de artificio en la cabeza.


¡Werner Herzog en la EICTV!